Tras un largo y tormentoso viaje aquí estoy, a algo más de un mes de subirme al tren de la arquitectura. Aún no me lo creo, estoy contento, pero no reboso de felicidad: parece ser que el tren que siempre quise no era para mí, no me atreví a pegar el salto y subirme, y ahora espero en el andén 3 al expreso de Zaragoza.
Me produce cierta inquietud que el billete esté en blanco y los horarios no estén publicados: no se en qué clase viajo, ni en qué estaciones haré parada, ni tampoco los paisajes que se ven desde las ventanillas. Lo único que se es que tengo billete para ese tren, y que el 22 de septiembre pasará a recogerme. Y que de alguna manera, es una forma de empezar a andar.
Me produce cierta inquietud que el billete esté en blanco y los horarios no estén publicados: no se en qué clase viajo, ni en qué estaciones haré parada, ni tampoco los paisajes que se ven desde las ventanillas. Lo único que se es que tengo billete para ese tren, y que el 22 de septiembre pasará a recogerme. Y que de alguna manera, es una forma de empezar a andar.

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